El sindicalismo en el nuevo entorno empresarial

La colaboración en el seno de ECOSISTEMAS conforma un entorno cada vez más abierto, más diverso, más líquido, que va más allá de las Plataformas y que requiere organizarse de otra forma en el seno de las empresas y organizaciones. Será difícil recuperar la influencia necesaria de las organizaciones sindicales sin apostar por la participación del trabajador en el nuevo contexto donde se desenvuelve la empresa. El germen de un nuevo sindicalismo puede pasar por impulsar “Lab” experimentales centrados en la micro, como por ejemplo han realizado los recientes premios nobel de economía, para luchar contra la pobreza huyendo de los grandes planes macro.

Hace varios meses me reencontré con el siempre, para mí, interesante e importante tema de la participación de los trabajadores en la empresa, lo hice a través de la Plataforma por la Democracia Económica y con la intención de participar e impulsar un grupo de trabajo en Valencia que pueda avanzar en esta dirección.

Leyendo el excelente artículo de Manel García, en el contexto del III Congreso del TES de la Fundación 1º de Mayo y bajo el lema de “Repensar la Economía con los Trabajadores”, me he animado a dar mi particular visión.  Es una visión alejada, “provocativa” y externa, del reto que tiene el sindicalismo para actualizarse, que no es otro que, como siempre, aprender haciendo, en este caso apostando decididamente por impulsar la participación del trabajador en la empresa junto con el usuario y sumergiéndose en ella para aprender en el proceso.

Recordaba Manel, que Marcelino Camacho decía que “la democracia económica siempre se ha quedado en la puerta de las empresas”, quizá intuía lo importante que iba a ser en el futuro. Se ha avanzado muy poco desde la perspectiva sindical, lo cual ahora es más necesario que nunca pues, el sindicalismo ha ido perdiendo fuerza en las relaciones laborales como consecuencia de las sucesivas reformas que no se han podido parar, al optar casi siempre por posiciones reactivas y defensivas, en general, poco innovadoras. Y, como se estaba en eso, tampoco se ha avanzado casi nada en aprender a desarrollar la participación en la empresa.

En efecto, nombra Manel los casos de los Fondos de inversión puestos en marcha en 1983 en Suecia y derogados ocho años después o, la más conocida iniciativa alemana de la cogestión que también fue incorporada por otros países europeos y que ahora mismo también está en crisis, al no haber podido frenar los efectos negativos de la globalización (compra de empresas por fondos de inversión especulativos, subcontratación, descuelgue convenios, contratación atípica, deslocalización persiguiendo el máximo beneficio, etc.).

Bueno, en ese contexto está el sindicalismo. Por un lado, existe un peligro de seguir caminando hacia la irrelevancia al no conectar con el futuro, poniendo el énfasis en revertir la reforma laboral como única alternativa. Hay que hacerlo, pero no para seguir igual e ir a lo anterior pues el pasado no es la solución.

Por otro lado, existe la oportunidad de innovar en la práctica sindical, sumergiéndose en la gestión de una empresa abierta y colaborativa, que nada tiene que ver con la tradicional donde surgió el sindicalismo. La oportunidad, en estos momentos, puede pasar por poner en el centro del debate la “participación y la democracia económica” como el factor más importante del cambio de cultura empresarial que, ligada a las tecnologías digitales emergentes, conforman la transformación digital (Digitalización + Cambio de Cultura) y que sin duda va a marcar el presente y futuro de nuestra sociedad.

Se trata, como dice Manel, que “de forma más amplia debe plantearse el papel de la representación de los trabajadores en los campos de la organización y dirección de los procesos productivos en las empresas”. No se trata, por lo tanto, de seguir identificando la participación con los Fondos de Inversión suecos ni con el sistema de cogestión alemán, pues han pasado cerca de 40 años y ha llovido tanto que, incluso, entre medias ha surgido internet y, sobre todo, la revolución digital y su gran capacidad transformadora con el crecimiento exponencial de la conectividad y los intercambios.

El futuro del sindicalismo pasa por sumergirse en una empresa que necesita abrirse al exterior, hasta tal punto, que incluso la innovación, que es el centro de su supervivencia, ya no puede plantearse sólo en el interior. En esa empresa abierta, el sindicalismo tiene mucho que decir y aprender, pues cuando nace ya lo hace con esa visión. Como decía Ramiro Reig “…rápidamente comprendieron que debían superar los límites de su empresa y se fueron uniendo …”.

Ahora bien, han pasado muchos años con profundos cambios. El sindicalismo debe explorar, experimentar y comprender, que esa búsqueda de la unión ahora responde a otros criterios más líquidos, más complejos y diversos[1]. Los primeros “sindicatos” se formaban sobre la base de una homogeneidad más sencilla y amplia, ahora los trabajadores son diferentes (asalariados, fijos, eventuales, a tiempo parcial, autónomos, freelance, emprendedores, etc.) unidos por un interés común más individual. Como dice el último informe de afiliación de CCOO “… hay una afiliación “utilitarista” por llamarla de alguna manera. Que utiliza el sindicato a demanda cuando tiene una contingencia …”[2]

Es curioso que ahora que la empresa tiene que abrirse al exterior, las sucesivas reformas laborales hayan ido en dirección contraria. Por eso hay que derogar las reformas, porque no van con los tiempos, ni con lo que necesita el progreso de la empresa y de la sociedad. No hay que derogarlas para ir a la situación anterior, sino para avanzar por la participación y democracia económica. Y en ese camino no será difícil encontrar aliados, los primeros aquellos movimientos que tienen en su base la gestión empresarial participativa, especialmente el cooperativismo.

La empresa tradicional, entendida como propiedad de los accionistas o directivos o de las administraciones, está en crisis y ya no es suficiente para dar una respuesta eficiente y eficaz en la gestión. Hace poco lo decía hasta el Financial Times, “ha llegado el momento de resetear el capitalismo” entendido como el sistema cuyo centro es la empresa que responde sólo a los intereses del capital. El enfoque en maximizar las ganancias y el valor para los accionistas ya no son suficientes, nos está llevando al desastre y alerta sobre empresas mal gestionadas (Endesa ha anunciado una distribución de beneficios por encima de los generados en 2019). Sin embargo, los Fondos de Inversión Internacionales tienen más fuerza que nunca. Quizá son los últimos coletazos de esta financiarización de la economía, como está pasando con la barbaridad de la “obsolescencia programada” en el contexto de la sostenibilidad y de la necesidad de transitar de una economíalineal a una circular.

El sindicalismo tiene que apostar por la innovación y el cambio, tratando de traer el futuro a la agenda del presente y no entendida como aquella que parte del análisis del pasado para desde ahí asomarnos al futuro. En esa conexión con el futuro hay un tema organizativo interno que pasa por sumergirse en la gestión de una empresa abierta, apostando por una acción sindical experimental y micro centrada en impulsar la participación (gestión, beneficios, propiedad). Y dos temas transversales externos que están llamados a transformar la sociedad:  la transición de una economía lineal a una economía circular (una reciente encuesta de la UE reflejaba que el 97% de los ciudadanos europeos querían que se hicieran más esfuerzos por la sostenibilidad) y la otra, sin duda, es pensar e interiorizar la transformación digital (Digitalización + cambio de cultura) como herramienta para afrontar los problemas y sus soluciones.

Post Publicado en Espacio Abierto "Repensar la Economía con los trabajadores y trabajadoras"



[1] Bauman define esto como “identidad liquida” y según Castells, las redes hacen posible un tercer tipo de relación social caracterizada por el comportamiento colectivo antes que por una sensación colectiva de pertenencia

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