Directivos decimonónicos: hay que gestionar y no despilfarrar el futuro

Estoy convencido que esta crisis será recordada dentro de muchos años, como aquella que significó el punto de inflexión de la sociedad del despilfarro (para los poco privilegiados de los países desarrollados), la cual ya hace muchos años describió con gestionarsostenibilidadmaestría anticipatoria John K. Galbraith. Sin embargo, como digo esto será dentro de muchos años. Lamentablemente nosotros seguiremos observando que es mejor tirar lo “viejo” (aunque cada vez tenga menos tiempo de vida) que arreglarlo y aprovecharlo, hasta el punto de que esta crisis se recordará como aquélla a partir de la cual se empezó a poner coto a esa cultura tan insostenible.

Podríamos nombrar numerosos ejemplos, pero sólo me quiero centrar en el mundo económico y de las personas. En mi opinión, es absolutamente inconcebible e insostenible económicamente, que nuestro sistema pueda subsistir cuando las personas no pueden trabajar hasta los treinta y son viejas antes de cumplir los cincuenta y todo ello cuando nuestra esperanza de vida se ha duplicado en el último siglo.

¿Cuántos grandes artistas, novelistas, empresarios, artesanos y trabajadores en general hicieron sus grandes obras más allá de los cincuenta? ¿Cuántas emociones, saberes y conocimientos se hubieran perdido si no hubieran seguido trabajando más allá de los sesenta?

Actuamos como los nuevos ricos, es decir a finales del siglo pasado se concentraron y aceleraron cambios que han supuesto grandes avances para la humanidad (aunque no al alcance de todos) y de repente hemos perdido la perspectiva del tiempo. Sólo unos pocos años han sido suficientes para arrinconar a la sabiduría milenaria, cuyo máximo legado está en las personas.

Por eso, es necesario que aparezcan líderes capaces de romper con esa cultura de lo inmediato, de la
dictadura del presente, como dijo el otro día D. Innerarty, del corto plazo, del consumo inmediato, donde el futuro ha quedado desatendido. "Tenemos la obligación de recuperar el porvenir”

Hay que desterrar ese tipo de gestión y sus gestores. No es posible que en la sociedad del saber y de los conocimientos, los Directivos decimonónicos sigan dominando y viendo más rentable jubilar a las personas mayores de 45 años que mantener sus conocimientos en los equipos de trabajo, con una verdadera actitud fronteriza. Además, pensando que esos conocimientos no son necesarios en su particular visión despilfarradora de la sociedad. Máxime cuando esa visión tiene los días contados por vieja.

No entendí
al ex ministro Jordi Sevilla cuando impulsó la ley de jubilaciones anticipadas entre los funcionarios, no por sus efectos prácticos, pues no creo que se hayan acogido más de una “veintena” a la misma sino por el mensaje lanzado, más propio de gestores y políticos instalados en una sociedad superada, que de políticos capaces de liderar cambios necesarios e ilusionantes.

No sé si fue una de las causas de su relevo, lo cual hubiese sido suficiente, pero me preocupa que ahora que
será asesor de Administraciones Públicas en PricewaterhouseCoopers quiera seguir el mismo camino y sea esa una de sus aportaciones destacadas para modernizar la administración.

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